Bar la Trastienda

Hay algunos lugares que parecen reunir todos los requisitos para convertirse en una leyenda. Probablemente en este caso, para ser fieles a la historia hostelera de Granada, deberíamos desempolvar los recuerdos del colectivo más senior y escuchar en silencio lo que se ha venido haciendo, con mucha dedicación, desde 1836 en La Trastienda.

Decididamente los orígenes son el producto: una tienda bien surtida de ultramarinos, inicialmente en el barrio del Albaicín, y posteriormente en la archiconocida Plaza Cuchilleros, solapando la primera fila del bullicio y mestizaje que desde que concibió su nombre, Granada ha visto pasar por sus calles. Del deseo de cuidar al cliente, su entonces propietario y fundador, Fernando Miranda, servía pequeños bocados y los regaba con vino, a los leales clientes que esperaban pacientemente la cola a ser atendidos, detrás de ese mostrador sólido y robusto que aún hoy, sostiene con orgullo el emblema de la casa: una antigua báscula de aguja incansable.

Las razones por las que no abren sus puertas al medio día podrían parecer paradójicas al ojo foráneo, no para quien reconoce y ha vivido en sus carnes el calor del medio día en la ciudad de la Alhambra. Y esto responde asimismo, a los motivos por los que La Trastienda sirve cocina fría, la cocina de la tapa castiza y sureña que calma el estómago y sosiega el calor a esa ahora especial en que cae la luz.

El visitante que entre en La Trastienda, encontrará en primer lugar un saludo alegre que casi concede el permiso de usurpar el espacio, pasar por detrás de la barra, y dejarse acompañar por el salón de techos bajos y paredes frescas, que se abre al fondo. El perfume de las chacinas invade el lugar, muy sutil pero contundente, te hace no olvidar donde estás. La diversidad de público y el ambiente calmado, nos transmiten que aquí las cosas se hacen bien.

Una esmerada carta por secciones, nos ofrece quesos de la tierra con mermeladas varias, y jamones… Qué jamones. Embutidos de La Alberca y conservas seleccionadas que hacen las delicias de las nuevas corrientes remember y una escogida oferta de vermut a expresa petición de sus clientes.

Las tablas de productos ofrecen una variedad sencillamente inmejorable que hace no perder el interés con el transcurso de la charla. La cesta de panecillos parece decrecer a velocidad vertiginosa según vamos descubriendo que la salchicha blanca es extraordinaria y que la terrina de mousse a l´armagnac nos ha hecho respirar hondo.Por cierto, los mejillones en escabeche suave no podrían haber hecho mejor matrimonio con el vino.

No queremos dejar de señalar que, además de La Trastienda, esta familia de incansables bienhacedores, ha recorrido el territorio ibérico haciendo una pequeña muestra de su filosofía en el Food Truck BarLaTrastienda.

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